Algunas conclusiones (I)
Los resultados de las recientes elecciones municipales y autonómicas dan lugar a unas interesantes reflexiones, cuyas conclusiones te parecen claras. El acceso al poder del socialismo en el año 2004 traía consigo un proyecto de ingeniería social. Las líneas maestras eran la ideología de género, el ecologismo, el laicismo, la multiculturalidad, el relativismo ético, la conversión de España en una CEISE (Comunidad de Estados Independientes del Suroeste Europeo) y la reivindicación de la II República. Desde el primer momento, toda la inmensa maquinaria al servicio de esa ideología comenzó a funcionar. Las televisiones públicas, las privadas, periódicos y emisoras de radio. Al mismo tiempo, la intelligentsia, en su mayor parte coaligada con el socialismo, se puso en marcha. Un formidable ejército con un objetivo, estrategia y tácticas completamente claras. Para conseguir tales metas era necesario arrumbar, ya que quedaba antiestético eliminar, a quienes disentían. El proyecto parecía ir bien. Hasta que se cruzó la crisis económica.
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sábado, 4 de junio de 2011
martes, 17 de mayo de 2011
291.
La vida es incierta. Nunca puedes saber si ese amanecer que se abre ante tus ojos se convertirá en la niebla de la muerte antes del anochecer. La alegría de una jornada prevista como inolvidable puede tornarse en la memoria de una pérdida por causa de un acontecimiento que nadie hubiera previsto. Realmente, nuestra vida es incierta. Un coche puede atropellarte. Una cornisa puede caer sobre tu cabeza. Un tropezón puede enviarte escaleras abajo hacia el infierno. Un resfriado mal curado a ciertas edades es mortal y una simple infección puede concluir en septicemia y llevarte en compañía de Plutón. La vida es incierta y llena de accidentes. Y nadie de buen corazón y alma generosa puede reprochar a nadie las consecuencias de actos que pertenecen al deber de la vida. Nadie puede evitar que cualquier día se cruce en tu camino la bomba de un terrorista vasco y acabes convertido en pulpa roja sobre el asfalto. Es un simple accidente. Tus deudos deben aceptar, comprender y, sobre todo, tienen que perdonar, ser compasivos con las pobres almas desviadas que, llevadas por el curso incierto de la existencia, estudiaron, montaron y pusieron ese objeto accidentalmente mortal.
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